Todos sufrimos y lo hacemos principalmente en nuestra mente.


Todo ocurre allí. La mente nos invade de pensamientos, sobre todo con remembranzas y reproches en torno a ello o a imaginaciones futuras. Y me gusto ver que el diccionario señala que el opuesto a la imaginación es la realidad, algo tan simple que usualmente no observamos.


Y todos cargamos con ideas fijas o datos falsos que se convierten en una compulsión,  una idea fija es todo aquello que damos por hecho. Por ello es muy útil empezar a ser consientes de cuáles son esas compulsiónes que retenemos y que nos están haciendo daño, y que son visibles porque son repetitivas. Al observarlas entonces tenemos la posibilidad de deshacernos de algunas de ellas. Cuanto más soltamos la información que nuestra mente almacena sin sentido, más libre nuestra mente estará y la conciencia podrá ser mayormente liberada.

En cuanto este más libre de juicios, poco a poco encontraremos silencio.

El silencio, que es el lenguaje de la paz, el lenguaje de nuestra dimensión espiritual, el lenguaje de Dios, el lenguaje de quienes somos en realidad más haya de nuestra corporalidad. Tú y yo no somos solamente el exterior, sino una parte intangible más valiosa que cualquier otra cosa. Y en ese espacio espiritual es donde podemos encontrar respuestas a todo el drama que creamos en nuestras fachadas. 

Tenemos la capacidad de dar un salto hacía darnos cuenta de que no somos solo nuestra mente, que la mente no es todo lo que somos y en esa no-mente solo hay amor y bienestar.


Para llenar nuestro tanque de amor necesitamos identificar las ideas fijas que nos están rondando repetitivamente, aceptar el momento presente, ser y dejar ser a otros, despertar nuestra conciencia o espiritualidad que no es igual a religiosidad y seguir adelante con lo que el instante presente y Dios nos ofrece.


Sebastián Arenas Del Equipo de Juan Adrián Karca